
Los 31 años que han transcurrido desde su permanencia en Angola no han borrado de la memoria de Alberto Gonzalez Ledezma el recuerdo de la epopeya.
Solo veinte años tenía este palmero cuando fue llamado a cumplir con el deber del intenacionalismo. Con orgullo nos cuenta sobre su experiencia como operador de radar, su especialidad durante la misión.
¿Cómo asumiste la idea de partir a Angola siendo tan joven?
“Yo era un muchacho 20 años recien cumplidos nos hicieron el llamado y yo sin pensarlo dije que sí... Nos preparamos como operador de radares una especialidad bonita de la que aprendí mucho y en la guerra en la frontera con Namibia donde la aviación atacaba constantemente era muy importante”
¿ La llegada a África cómo fué tu integración a la misión?
“ llegamos a Angola y nos integramos a una brigada de lucha antiaerea, primero estuvimos en Menongue allí era fuerte la actividad de la aviación enemiga en una de esas acciones recibí un reconocimiento por detectar a tiempo a los aviones que atacaban y posibilitar su derrivo eso fue algo grande para mi”
Las palabras emocionadas de Alberto no dejan de fluir en una conversación de guajiro noble dedicado hoy a la tierra que lleva con orgullo las marcas y las esquirlas de la munición enemiga.
“ cuando llevaba unos cuatro meses nos trasladaron para Chibenba allí construimos la unidad, emplazamos los radares y fue ahí donde permanecí todo el tiempo que estuve en Angola hasta que fui herido gravemente”
Alberto esa acción combativa dejó en ti marcas físicas pero también emocionales, cuentanos
“ Describir un combate de esa magnitud es díficil imagínate la aviación namibiana era potente y bien armada ese día de septiembre de 1981 terminabamos la guardia y justo cuando recogiamos la técnica comienza el bombardeo, fue algo terrible la posición mía fue impactada todos los compañeros salimos envueltos en llamas tratando de apagarnos los unos a los otros. Yo recibí un impacto en la cabeza y comencé a perder mucha sangre, me llevaron a las tricheras y ahí recuerdo casi que directo me ponían tranfuciones”.
¿Terminó la misión en ese momento para Alberto?
“Si imagínate yo estuve muy grave quemaduras en más del 50 por ciento del cuerpo. Tenía que ser operado y me trasladaron a Cuba donde fuí tratado durante meses e intervenido quirurgicamente. Yo siempre digo que parte de esa tragedia la llevo dentro de mi, tengo fragmentos en mis piernas que no pudieron ser retirados ahí me los llevo a la tumba con orgullo”
Conversar con Alberto Gonzalez Ledezma es poder aquilatar la bravura de aquellos muchachos jóvenes en el momento de asumir participar en una guerra a miles de kilómetros de su hogar.
Es sentir el orgullo por una generación que saldó la deuda con el continente africano y contribuyó al fin del Apartheid en Sud África.
La Operación Carlota tiene muchos rostros, el de Alberto es un testimonio vivo de humildad que merece el respeto de las nuevas generaciones para no dejar en el olvido la más grande hazaña militar cubana en nombre de una causa justa.



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